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SALVADOR RUIZ FIERRO | ¿GUERRA SUCIA O TERRORISMO DE ESTADO?

Salvador Ruiz Fierro, Atoyac de Álvarez.- La pregunta se responde fácilmente: vivimos en México un terrorismo de Estado. Pero esta pregunta se puede responder fácilmente solo ahora, cuando la década de los setenta está a más de treinta años de distancia. Si ahora el término “terrorismo de Estado” nos viene fácilmente es solo porque nos ha tocado ser testigos de Tlataya, Tanhuato, Nochitlàn, Ayotzinapa. En la época de los setentas a lo más que llegábamos al definir lo que estaba ocurriendo era “Guerra Sucia”.


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En el caso de México y focalizado en Guerrero, La guerra sucia es una política de Estado cuyo objetivo fue aplastar la oposición armada y política que se venía gestando desde inicios de los 50’s con la auto-organización de los copreros y la Asociación Cívica Guerrerense. Movimiento que a mediados de los sesenta fue aplastado por la represión directa del gobierno causando más de veinte muertes y varios presos políticos.

Paralelamente a ese movimiento emergente, en otras comunidades del Estado surgían brotes de descontento cuyo origen era la miseria y nula oportunidad de encausar la inconformidad social por vías institucionales. Precisamente en 1967 se da el aplastamiento del movimiento popular que Lucio Cabañas encabezaba en Atoyac, Gro. Lo que siguió a esos eventos fue la aparición de la guerrilla de Genaro Vàzquez y Lucio Cabañas, que entraron en confrontación directa con el Estado Mexicano representado por Luis Echeverrìa.

La estrategia del Estado para aplastar la guerrilla fue violencia y dinero. El efectivo corrió a manos llenas a través de Instituto Mexicano del Café, principalmente, y del ejército mismo regalando despensas. En lo social también el ejército brindó servicios en las comunidades. Las obras públicas por su parte abrieron y ampliaron caminos rurales a la sierra. Con esas medidas se le quitaron banderas a la guerrilla.

Pero la guerra sucia se caracteriza por desapariciones forzadas (más de 500 desaparecidos en Guerrero), captura de presos políticos que en su mayoría eran inocentes pues no participaban en la guerrilla. Se utilizò la tortura en cárceles clandestinas, arrojar a los detenidos vivos al mar y la detención de sus familiares. Se le llama sucia porque en realidad la guerrilla y el Estado estaban en guerra, pero las acciones cometidas por el Estado eran crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra. Es decir, la tortura y desaparición de personas civiles, no involucradas en la confrontación, no son parte de una guerra formal. Son guerra sucia.

Los sucesos de 2014 con los estudiantes de Ayotzinapa, la ejecución de 22 civiles en Tlataya, el abatimiento de civiles en Tanhuato y ultuimamente la muerte de ocho civiles en Nochitlàn, nos han devuelto la memoria y nos han situado en los peores momentos de la guerra sucia de los 70’s. Y ahora comprendemos que aquello no fue un hecho aislado en el tiempo sino que responde a una política del Estado mexicano para impedir que la miseria que priva en el país pueda ocasionar problemas armados al sistema. Recurren entonces a infundir el miedo en la población, a la siembra del terror. Por eso es terrorismo de Estado.

Se presentó el libro que lleva por título Guerra Sucia o Terrorismo de Estado. La presentación corrió a cargo de sus dos coordinadoras: Claudia Rangel y Evangelina Sánchez. El objetivo de esta compilación es que la vuelta a la mirada a lo ocurrido en los 70’s nos ayude a comprender los sucesos actuales y a recuperar la memoria histórica, que sea un instrumento para comprender nuestra realidad y modificarla en lo posible.